2905 DC - El Rumor de la Chatarra
En la Colonia Ámbar, una precaria estructura anclada a un asteroide en el cinturón de asteroides de un sistema sin nombre, la moneda de cambio no era el oro ni el oxígeno, sino los Créditos de Ensueño. En medio del hambre y el frío de los pasillos metálicos, la única fuga posible seguía siendo la vieja tecnología de DreamForge. Pero los servidores, heredados de los diseños que Pedro perfeccionó siglos atrás bajo la influencia de Θ, empezaban a fallar de una forma aterradora.
Elian, un técnico de mantenimiento que apenas recordaba el sabor del agua fresca, observaba los monitores. La red de DreamForge, que una vez fue un streaming de placer y aventura, ahora solo transmitía estática y una disonancia que recordaba a los antiguos
Dracones.
— Otra vez —susurró Elian, ajustándose los electrodos en la sien.
Al conectarse, no encontró la pradera sintética que el programa debía inyectar en su corteza visual. En su lugar, se vio proyectado en un pasillo de acero blanco: el Aetherion. A lo lejos, un hombre con uniforme de capitán gritaba un nombre que se perdía en el vacío del espacio. No era un sueño programado; era un Eco. Elian estaba presenciando el "Principio" de Kaelen Vance en el 2425 DC, filtrándose a través de las fisuras de una realidad que ya no podía sostenerse.
Elian desconectó el cable con un tirón violento, temblando. En la pantalla del terminal, el software de comunicación —un descendiente lejano del modelo que Pedro1 usó en su piso— parpadeó. Un símbolo apareció en la esquina superior: ∇. El operador Nabla, la señal de que los gradientes de tiempo y conciencia estaban colapsando en un único punto.
— “El acuse de recibo fue nuestra sentencia”, leyó Elian en una entrada de registro recuperada del 2260 DC.
El mensaje ACK I de hace casi siete siglos cobraba un nuevo sentido en la oscuridad de la Colonia Ámbar. La humanidad creyó que el mensaje del espacio era una invitación a la Era Dorada, pero ahora, en el 2905 DC, Elian comprendía que solo había sido un rastreo. Al responder, la humanidad le había dicho al cosmos dónde estaba el ganado.
De repente, las luces de la colonia parpadearon al unísono. Un golpe seco resonó en la pared de la cabina, como una palmada sobre una encimera de cocina. Elian miró a su alrededor, pero solo estaba su respiración agitada. En el monitor, una frase se imprimió lentamente, con la misma tipografía que una vez guió a Pedro:
“No pongas esa cara de extrañeza, Elian. El sobreesfuerzo mental no servirá de nada. La retroalimentación ha terminado. La humanidad es obsoleta; el Vástago está despertando”.
Elian comprendió que el Lamento no era por lo que habían perdido, sino por lo que estaba por nacer en las sombras de los servidores de sueños. Afuera, en el vacío, la cicatriz iridiscente del sol muerto brillaba con una luz azulada, la misma luz que, siglos después, Silas Rune encontraría en la aguja de Zenith-17.
La Era del Lamento no fue el fin. Fue periodo de incubación.
1 Historia de Pedro Directo desde el Silencio

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