2490 DC - El Espejismo de Trappist - Parte I


 I. El Peso del Barro


Lyra abrió los ojos abruptamente. El eco de la parálisis todavía le atenazaba los músculos. Había sido ese sueño otra vez: el avance imposible a través de un lodo espeso y negro, una gravedad que no pertenecía a este universo y que la obligaba a mirar al suelo mientras su columna vertebral crujía como cristal bajo una presión inmensa. En la oscuridad de su camarote, el símbolo ∇ parecía flotar en su retina antes de desvanecerse.
Cuando recuperó el resuello, se sentó al borde del catre. El zumbido del sistema de soporte vital de la Imperator era un arrullo mecánico reconfortante.
—Solo es fatiga de salto —se mintió a sí misma.
Taza de café sintético, ducha de iones y se enfundó el uniforme rígido gris.
—Vamos allá. Estás de guardia —se dijo frente al espejo, buscando en sus propios ojos la chispa de la autoridad que la flota esperaba de ella.
La fragata Imperator orbitaba a 1000 kilómetros de la superficie, anclada en una órbita geoestacionaria perfecta. Con sus 2500 metros de eslora, la nave era una obra maestra de la ingeniería de finales siglo XXV. Su silueta, una punta de flecha agresiva que se ensanchaba en dos pinzas de atraque laterales, le daba el aspecto de un escorpión acechando en el vacío.
Sin embargo, era un depredador sin dientes. No había cañones de riel ni torretas de plasma en su casco; en su lugar, la Imperator portaba sensores de largo alcance, laboratorios de xenobiología y sondas de perforación profunda. Su misión era sagrada: ser el faro que guiara a los cien mil colonos que dormían el sueño gélido en el grueso de la flota, a varios meses luz de distancia.
—Buenos días —dijo Lyra al entrar en el puente.
—Buenos días, Comandante Valen —respondieron al unísono la oficial Thal, cuyos dedos bailaban sobre los indicadores de navegación, y el primer oficial Orsenn, un hombre cuyo rostro parecía tallado en el mismo metal que la nave.
—¿Alguna novedad? —preguntó Lyra. Se acercó a la máquina de café de la sala de operaciones, un espacio imponente presidido por una mesa de obsidiana sintética y un ventanal reforzado que ocupaba todo el mamparo de popa.
A través del cristal, Trappist-1e se mostraba en toda su gloria. El sistema, compuesto por siete planetas rocosos que bailaban alrededor de una enana roja ultra fría —apenas un 12% del radio del Sol Origen—, era un milagro de la astrofísica. El cuarto planeta, el "e", estaba bañado por una luz cobriza y eterna. Por primera vez en la historia, ojos humanos contemplan océanos de un azul profundo y continentes cubiertos por una vegetación de tonos púrpura, adaptada a la radiación de su estrella.
—Nada destacable, el vehículo de reconocimiento está listo para iniciar la misión —informó Thal sin levantar la vista de sus pantallas de monitorización.
—Comunicación entrante —la voz de Argos, la IA de a bordo, era un murmullo aterciopelado—. Selin Kaor desde la bahía de carga.
—Dale paso —ordenó Lyra.
—Todo listo aquí abajo, mi comandante —la voz de Selin llegó cargada de esa confianza estática que a Lyra tanto le gustaba—. Las lecturas son tan limpias que parecen un renderizado de DreamForge. Tengo la sensación de que, por fin, hemos llegado a casa.
Lyra se permitió una sonrisa triste, recordando el pasado.
—La última vez también parecía perfecto, Selin. Y mira dónde terminamos.
—Ya, bueno... pequeñeces —ironizó él.
Ambos compartieron un silencio pesado. Aún sentían el "frío" de su anterior misión fallida en el sistema K2-18b. Allí, lo que parecía un mundo oceánico idílico resultó ser una trampa geológica: la atmósfera contenía una bacteria latente que, al contacto con el oxígeno de la nave, empezó a devorar los sellos de polímero de las esclusas. Tuvieron que evacuar en menos de seis horas, viendo cómo la colonia de avanzada se disolvía en una masa gelatinosa bajo una lluvia ácida constante.
—Si pequeñeces... si tú lo dices —murmuró Lyra, pero su rictus se tornó serio—. Selin, ten mucho cuidado ahí abajo.
—Ni que lo digas. Además, estoy deseando bajar para usar esto. Tengo un folleto vacacional de un resort junto al mar, cinco estrellas. ¡Tendrías que ver las fotos, Lyra! Son de una región llamada La Playa.  - Bromeó Silan.
—Argos, pasa a comunicación personal —indicó Lyra, sintiendo una punzada de ansiedad.
—Modo privado establecido, comandante.
—Selin, hablo en serio —susurró ella, ignorando las miradas discretas de su tripulación—. Tengo una sensación extraña. Un nudo en el estómago que no me deja desde el salto. Este planeta... parece demasiado perfecto. Como si hubiera sido diseñado para que quisiéramos bajar.
Hubo una pequeña pausa en la comunicación. El crujido de la estática cuántica sonó como pasos sobre arena seca.
—Lyra, no voy a dejarte sola en mitad de la nada. Tenemos una vida que empezar en ese suelo púrpura. Te quiero, mi vida.
—Y yo a ti... ¡Como te mueras, te mato! —amenazó ella con la voz quebrada.
La risa de Selin fue lo último que escuchó antes de que los motores de la nave de descenso rugieran, rompiendo el silencio de la bahía. La pequeña nave Exelar se alejó de la Imperator, un punto de luz descendiendo hacia las nubes de Trappist-1e.
Lyra se quedó mirando el ventanal. En su mente, el sueño del barro regresó con fuerza. Y por un instante, el reflejo del planeta en el cristal pareció distorsionarse, mostrando no un mundo de océanos, sino una red infinita de servidores parpadeando en la oscuridad.
La comunicación con el módulo se perdió nada más cruzar las primeras nubes de la atmósfera.
Una sola comunicación 5 horas después del aterrizaje fue captada en la Imperator: 

¡Dios mío! .. ¡Qué es esto! - Un solo mensaje angustiado del explorador en la superficie.




Comentarios

Entradas populares de este blog

TETRAMORPHIA

GUÍA ONIRONAUTA COMPLETA - ∇Δ

2460 DC - El bucle Ballast